La ablación percutánea es un procedimiento mínimamente invasivo que utiliza tecnología de imagen para guiar la colocación precisa de una o varias agujas en el centro del tumor a tratar. Estas agujas, utilizando diferentes tecnologías, aplican energía para destruir de forma controlada un volumen de tejido, eliminando así el tumor. La ablación puede ser curativa en algunos casos y cuenta con un alto nivel de evidencia científica.

Se realiza con agujas a través de la piel, sin necesidad de cirugía abierta.

Menor riesgo de sangrado, infección y otras complicaciones en comparación con la cirugía.

Los pacientes generalmente se recuperan en cuestión de días o semanas (en lugar de meses).

En algunos casos, la ablación puede realizarse con anestesia local y sedación ligera.

No invalida futuras intervenciones.
Existen diferentes tecnologías de ablación, cada una con sus ventajas e indicaciones. Entre las más conocidas encontramos:

Destruyen el tejido mediante altas temperaturas.

Destruyen el tejido mediante congelación.

Destruyen el tejido sin usar calor ni frío, empleando pulsos eléctricos cortos pero de alta intensidad.
La ablación percutánea se puede utilizar para tratar una amplia variedad de tumores en diferentes órganos, incluyendo:
Hígado, Pulmón, Riñón, Páncreas, Hueso, Partes blandas, Tiroides.
En resumen, la ablación percutánea es una alternativa precisa y eficaz a la cirugía convencional para el tratamiento de tumores. Ofrece una serie de ventajas, como menor invasividad, menos complicaciones y una recuperación más rápida.