El colesterol y los triglicéridos son grasas que circulan por sangre y que son indispensables para formar parte de las membranas de las células, sintetizar hormonas y como almacén de energía. Sin embargo, cuando sus niveles están alterados producen un conjunto de enfermedades llamadas dislipemias.
Tener el colesterol “descompensado” no suele dar síntomas, pero aumenta el riesgo cardiovascular a medio y largo plazo (infarto, ictus). La buena noticia es que, con hábitos saludables y, cuando hace falta, medicación, se puede controlar.
Agradecemos la colaboración y revisión de la Dra. Iris de Luna, especialista en Endocrinología y Nutrición en Viacare Centro Médico, para la elaboración de este artículo.
¿Qué es la dislipidemia?
Cuando hacemos una analítica aparece el perfil lipídico, que mide:
- Colesterol total (CT).
- LDL-colesterol (LDL-C): a este se le llama a menudo “colesterol malo” porque se deposita con más facilidad en las arterias.
- HDL-colesterol (HDL-C): el “colesterol bueno”; recoge el exceso de colesterol para eliminarlo.
- Triglicéridos (TG): otra forma de grasa que aumenta sobre todo con azúcares, alcohol y exceso de calorías.
Hablamos de dislipidemia cuando alguno de estos valores está por encima o por debajo de lo deseable. Puede ser:
- Hipercolesterolemia: LDL alto.
- Hipertrigliceridemia: triglicéridos altos.
- Mixta: LDL y TG altos a la vez.
- HDL bajo: menos frecuente, pero también aumenta el riesgo.
Además, distinguimos primaria (predisposición genética, como la hipercolesterolemia familiar) y secundaria, cuando el problema aparece por otra causa (p. ej., hipotiroidismo, diabetes, fármacos, alcohol, sedentarismo).
¿Por qué es importante?
Con el tiempo, un exceso de LDL y/o triglicéridos favorece la aterosclerosis, que es la acumulación de grasa en las paredes de las arterias. Esa placa puede estrechar la arteria o romperse, originando un infarto (si afecta al corazón) o un ictus (si afecta al cerebro).
Por eso, el objetivo no es solo “bajar un número” o “quitar un asterisco”, sino reducir tu riesgo cardiovascular global.
Valores y objetivos del perfil lipídico
Los laboratorios te dan números, pero las “dianas” que marcamos para cada persona no son iguales para todos. Dependen de:
- Tu riesgo cardiovascular global (edad, tensión arterial, tabaco, diabetes, antecedentes).
- Si ya has tenido un evento cardiovascular (infarto, ictus, revascularización).
- Otras enfermedades (renal, autoinmunes, etc.).
En general:
- Cuanto más alto es el riesgo, más bajo debe estar el LDL.
- Un HDL alto suele ser protector.
- Los triglicéridos deben mantenerse controlados (muy altos aumentan el riesgo de pancreatitis además del cardiovascular).
Tu médica/o te explicará qué objetivo concreto es recomendable en tu caso y cada cuánto revisar la analítica.
¿Puede dar síntomas?
La mayoría de las veces no da síntomas. Es decir, puedes tener el colesterol alto y encontrarte bien. Aun así, hay algunas señales que pueden acompañar a dislipidemias de larga evolución o muy marcadas:
- Xantelasmas: pequeños bultitos amarillentos en los párpados.
- Xantomas: depósitos de grasa en codos, tendones o rodillas.
- Arco corneal prematuro: anillo blanquecino alrededor del iris en personas jóvenes.
- Dolor abdominal y náuseas en hipertrigliceridemias muy elevadas (por riesgo de pancreatitis).
Causas de dislipidemia
Primarias (genéticas)
- Hipercolesterolemia familiar: el colesterol LDL está alto desde edades tempranas; suele haber antecedentes en la familia.
- Otras alteraciones hereditarias más raras (p. ej., disbetalipoproteinemia).
Secundarias (adquiridas)
- Estilo de vida:
- Dieta rica en grasas trans y saturadas, azúcares y ultraprocesados.
- Sedentarismo y exceso de peso.
- Alcohol, especialmente afecta a triglicéridos altos.
- Enfermedades: hipotiroidismo, diabetes, síndrome metabólico, enfermedad renal o hepática, síndrome nefrótico.
- Medicamentos: ciertos corticoides, diuréticos tiazídicos, algunos antirretrovirales, retinoides, etc.
- Embarazo y cambios hormonales (aumentan fisiológicamente los lípidos).
Diagnóstico
El diagnóstico se basa en:
- Analítica de sangre con perfil lipídico. Para una correcta valoración, se recomienda un ayuno de 8 horas previo a la extracción.
- Confirmación con una segunda analítica si la primera sale alterada.
- Estudio de causas secundarias: hormonas tiroideas, glucosa/HbA1c, función renal y hepática…
- Cálculo del riesgo cardiovascular y revisión de antecedentes familiares.
Tratamiento y plan personalizado
El tratamiento siempre combina hábitos y, cuando es necesario, fármacos. La elección depende de tus cifras, tu riesgo global y otras enfermedades.
Cambios en el estilo de vida (la base para todos)
- Patrón mediterráneo:
- Mucha fruta y verdura, legumbres, cereales integrales.
- Aceite de oliva virgen extra como grasa principal.
- Frutos secos naturales y pescado (especialmente azul) varias veces por semana.
- Reducir:
- Grasas trans (bollería, ultraprocesados) y saturadas (embutidos, fritos, cortes muy grasos).
- Azúcares y harinas refinadas (afectan a triglicéridos).
- Alcohol (clave si los triglicéridos están altos).
- Actividad física: al menos 150 minutos/semana de ejercicio moderado o 75 de vigoroso, y moverse a diario.
- Control del peso y dejar de fumar (el tabaco reduce el HDL y daña las arterias).
- Dormir bien y gestionar el estrés, que también influye en el estilo de vida.
Tratamiento farmacológico (cuando hace falta)
- Estatinas: son la piedra angular para bajar el LDL y reducir el riesgo cardiovascular.
- Ezetimiba: se añade a la estatina cuando no se alcanza el objetivo o si la estatina no se tolera a dosis altas.
- Inhibidores de PCSK9 (inyección periódica): para pacientes con riesgo muy alto, LDL muy difícil de controlar o hipercolesterolemia familiar.
- Ácido bempedoico: alternativa oral reciente en perfiles seleccionados.
- Fibratos y/o omega-3 de prescripción: útiles cuando predominan triglicéridos muy altos o hay riesgo de pancreatitis.
- Intolerancia a estatinas: si hay dolores musculares o alteraciones analíticas, el equipo ajustará dosis, cambiará de fármaco o combinará con otras opciones.
Objetivos y seguimiento
- Tu equipo fijará una diana de LDL y un plan realista para alcanzarla.
- Tras iniciar o cambiar tratamiento, suele repetirse la analítica a las 6–12 semanas y luego periódicamente.
- El seguimiento incluye educación para mejorar la adherencia (tomar la medicación a diario marca la diferencia).
Dislipidemia y otras enfermedades
La dislipidemia suele estar relacionada con otras condiciones de salud que influyen en su evolución.
- Hipotiroidismo: puede elevar el colesterol; al tratar la tiroides, las cifras lipídicas suelen mejorar.
- Diabetes y síndrome metabólico: aumentan triglicéridos, bajan HDL y cambian el tipo de LDL; aquí el control de la glucosa y del peso es clave.
- Enfermedad renal y hepática: requieren ajustes de tratamiento y controles específicos.
- Cardiopatía previa: si ya has tenido un evento cardiovascular, los objetivos de LDL suelen ser más exigentes.
Prevención y seguimiento a largo plazo
El control de los lípidos requiere constancia. Es fundamental realizar análisis periódicos según te indique el especialista, especialmente si estás en fase de ajuste de dosis. Además, al iniciar medicación, debes consultar si experimentas síntomas de alerta como dolores musculares intensos, orina oscura o coloración amarillenta en la piel.
Más allá de los controles, la clave está en el mantenimiento. Un enfoque sostenido en el tiempo, basado en pequeños hábitos saludables diarios, es la herramienta más eficaz para proteger tus arterias a largo plazo.
Conclusiones
La dislipidemia no suele doler, pero sí pasa factura con los años si no la cuidamos. Con una alimentación saludable, actividad física y, cuando se necesita, tratamiento farmacológico, es posible reducir el colesterol LDL y los triglicéridos, subir el HDL y, sobre todo, bajar tu riesgo de infarto e ictus. El plan siempre debe ser personalizado y coordinado con tu equipo sanitario.
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